2 dic. 2007

¿Qué tienen los HOMBRES en la cabeza?



Ésa es la pregunta de nunca acabar cuando nos referimos a los hombres. ¿Porqué actuan de forma diferente a nosotras? ¿Porqué hacen las cosas que hacen? ¿Qué tienen en la cabeza? Si es que tienen algo. Y es que para nosotras, los hombres han sido y seguirán siendo el monotema y la eterna incógnita sobre todo cuando se trata de amor.
Con la nueva técnología del escáner cerebral, la ciencia ha venido a nuestro rescate. Se ha comprobado que los hombres funcionan en forma distinta a nosotras. Sí, el cerebro de ellos, que se les desarrollo en la época de las cavernas, no ha evolucionado desde entonces, y al final continuan actuando como cavernícolas. Si a ello le agregamos que han sido educados en una cultura machista de represión emocional, estamos ante un espécimen incapacitado cerebral, hormonal y emocionalmente para actuar como nosotras desearíamos que lo hicieran.
Si a las mujeres se nos reprimió sexualmente y se nos vendió que el sexo era casi un pecado, a los hombres se les hizo creer que el pecado radicaba en sentir y demostrarlo. Al fin y al cabo eran machos y los machos no lloran, son fuertes, y nose pueden dar el lujo de demostrar sus emociones. En cierta forma crecimos en una cultura que inculcó al hombre la promiscuidad sexual y alas mujeres la promiscuidad emocional.
El resultado es un hombre incapaz de hablar de sus sentimientos, porque ésas son cosas de mujeres y ya bien sabemos que el temor más grande de un hombre es tirar demasiado hacia su lado femenino. Si la educación los hizo reprimidos, el cerebro tampoco los ayuda. Debido a su condición de cazadores, en la época de las cavernas, estaban obligados a callar para no espantar a las presas; resulta que siglos después estamos ante un cavernícola moderno que sigue sin tener un área localizada del habla en su cerebro. Por eso intentar mantener una conversación con ellos sobre la relación y los sentimientos es prácticamente como arar en el desierto. Son monosilábicos y sus respuestas se limitan a gemidos con los que consideran estar teniendo la conversación de sus vidas.
Su naturaleza es de hacedores, necesitan hacer, solucionar, procesar, mucho más que hablar. Es por eso que muchas veces es mejor verlos actuar que escucharlos. Si un espécimen masculino nos quiere demostrar amor, cabe la posibilidad que lo haga lavándonos el auto, ayudándonos en la cocina, traéndonos detalles materiales o resolviendonos un problema de la computadora que gritándolo a viva voz.
Y si de sexo se trata tambien funcionan de forma diferente. Lo que no es ninguna novedad si tenemos en cuenta que a veces pareciera lo único que tuvieran en la cabeza. Pero es que la testosterona los hace mas sexuales , que se calienten mas rápido y estén mas dispustos a nosotras. Para colmar los males la cultura en que han sido educados ha sido permisiva con su vida sexual. Mientras a ellos se les obligaba a demostrar sus dotes sexuales para comprobar su hombría, a nosotras se nos obligó a guardar la virginidad como tesoro y pasaporte seguro hacia el matrimonio.
No en vano ven el amor y las relaciones de forma diferente. Ya lo dice un proverbio chino: "EL AMO ES LA HISTORIA EN LA VIDA DE LAS MUJERES Y UN EPISODIO EN LA DE LOS HOMBRES". Para nosotras, el matrimonio fue durante siglos nuestra única razón de ser y realizarnos en la vida. Casarse era el mayor logro que una mujer podía alcanzar. Encontrar un esposo nos resolvía la existencia y nos libraba de la maldición de quedarnos para vestir santos. Para ellos, la realización giraba alrededor del tema profesional y casarse era algo que les daba estabilidad, pero no los definía como personas.
Por eso, cuando decimos que no los entendemos, tenemos toda la razón. Y ellos tampoco entienden nuestras reacciones y menos nuestras expectativas. Les parece que nos enrollamos y pensamos mas de la cuenta, que le sacamos raíz cuadrada a todo. Para ellos, la vida es mas simple, no piensan tanto, resuelven los problemas cuando llegan. No sienten la necesidad de hablary escupir cada pensamiento. Y es que así son, ni mejores, ni peores que nosotras, diferentes.

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